Por qué prefiero comprar local

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Ya comenté en días pasados que elijo comprar productos de calidad, durables y beneficiosos. Pues bien, las compras locales ayudan bastante a cumplir ese propósito por lo que ante cualquier necesidad investigo si algún vendedor local tiene lo que busco y esa es siempre mi primera opción.

Comprar a vendedores locales ayuda a fortalecer las economías de las comunidades. Y es que al comprar en grandes cadenas no sólo pagas por el producto en sí, sino también por otras cuestiones que provocan un aumento en el precio del producto final: los costos de transporte, el costo del empaque (cuyo única finalidad es convertirse en basura), la renta del establecimiento y los servicios que ocupa (luz, aire acondicionado, mantenimiento, etc.), publicidad, mermas... y después de un largo etcétera, viene la utilidad de dicho negocio porque la casa nunca pierde.

En cambio un pequeño comerciante que produce personalmente su mercancía, no requiere de toda esa infraestructura y muchas veces sus propios insumos también los adquiere de manera local. El resultado es que cada compra que realizamos localmente retribuye a la economía de la comunidad 3 veces más dinero que las compras realizadas en grandes cadenas.

Por otro lado, los vendedores locales realizan una venta personalizada tratando directamente con sus clientes. Están interesados en saber qué necesitamos realmente y se esforzarán por dárnoslo pues de ello depende su éxito, no solamente porque lograrán que les compremos otra vez sino también porque su publicidad es la boca en boca. Así que harán lo posible para que sus clientes estemos satisfechos.

Ése es un principio básico de mercadotecnia pero aceptemos que las grandes empresas aunque lo saben, lo aplican de dientes pa’ fuera. Y es que entendemos que no es posible recibir un trato personal por parte de Ricardo Martín Bringas (es sólo un ejemplo) quien seguramente es muy amable y se esforzaría al máximo para tenernos contentos a todos sus clientes. Pero no puede él solo porque las cadenas son tan grandes y requieren para su operación a tanta gente que las funciones son delegadas una y otra, y otra, y otra vez. Los salarios son bajísimos, la capacitación al empleado es deficiente, la busca de utilidad y reducción de costos es constante, los productos son estandarizados, la merma es elevada y la cantidad de personal desmotivado es alta. Así quién nos va a atender bien.

Los productos locales son de mejor calidad, más amigables con el medio ambiente, en algunas ocasiones te lo pueden llevar a domicilio, y te puedes poner de acuerdo con el vendedor para recibirlo en las condiciones que requieras. Hablando de este último punto, personalmente yo prefiero decirles que no me dejen empaques, envases desechables o bolsas de plástico; les doy mis propios contenedores reusables y/o bolsas de lona. Gano yo, gana el vendedor, gana el medio ambiente, gana la economía y al final vuelvo a ganar yo cuando me evito la flojera de sacar la bolsa de basura (tarea que a nadie le gusta y reto a que alguien me afirme lo contrario).

Hasta acá concluyo que las ventajas de las compras locales son enormes. Pero si sus objetivos son pagar precios justos y crecer la economía, pierde sentido con el regateo.

Nosotros mismos con esa horrible costumbre hemos provocado que los vendedores inflen sus precios sabiendo de antemano que tendrán que bajaros. Pero si en Liverpool venden una sala de $100 mil pesos, no preguntamos ¿gerente, cuánto es lo menos?; Si vamos a Walmart a comprar un jabón para manos no decimos ¿a cuánto me lo deja?; En Zara no le decimos a la vendedora que le damos $50 por una blusa que tiene etiqueta de $300. Entonces no entra en mi entendimiento por qué les regateamos al carpintero, a la señora que hace jabones artesanales o a la modista.

Respetémonos todos en nuestro trabajo, tiempo y conocimientos. Si un vendedor local nos ofrece su producto o servicio, paguemos justamente. Si no podemos pagarlo, aceptemos esa realidad, retirémonos con dignidad y busquemos algo que sí se acomode a nuestro presupuesto. Si nosotros somos quien ofrece, no aceptemos un pago injusto.

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Un nuevo personaje en el blog: Don Rubén. Me cae muy bien.



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