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La utilidad de una wish list

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¡Queridos lectores! Es un placer tenerlos aquí.

Algunos de ustedes se han puesto en contacto conmigo después de leer mi post Avisar a amigos y familiares. Me han comentado que a ustedes también les han regalado cosas que no les son útiles o que incluso no les gustan, pero les parece cruel deshacerse de éstas y no hayan qué a hacer al respecto, o mejor dicho, cómo. ¿Cómo decirles a nuestros amigos y familiares, de una manera sutil, que adoptamos un estilo de vida un lugar para cada cosa y cada cosa en su lugar, y que no todo lo que nos dan tiene cabida en ese concepto?

Recibir un regalo incómodo es algo que a todo mundo nos ha pasado, definitivamente.

Creo que no es algo fuera de lo común recibir un obsequio y reaccionar con una sonrisa nerviosa: ay gracias, no te hubieras molestado... jeje.

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Esteee, esteee... mil gracias, ¿cómo supiste?

Para algunas personas no representa ningún problema, pero para quienes sí y me pidieron un consejo, tengo uno infinitamente útil: crear una wish list.

Una wish list, o lista de deseos (a mucha gente no le gusta usar palabras en inglés dentro del idioma español. A mí sí me gusta 😄 ya lo habrán notado) es una lista donde se enumeran las cosas o servicios que alguien desea.

Se hace llegar a las personas cercanas al beneficiario, con el objetivo de comunicarles que lo descrito en esa lista son las mejores sugerencias en caso de pretender hacer un regalo.

La wish list puede ser una ventaja incluso para quien da, porque evita el suplicio de pensar qué regalar y asegura que el obsequio será apreciado absolutamente.

Ahora, me permito explicar cómo es una wish list à la comodita mood.

Para mí, un regalo útil pertenece forzosamente a una de las siguientes 5 categorías:

  • Querer
  • Necesitar
  • Vestir
  • Leer
  • Comer

Ya está. Nada más. Fin.

No hay categoría “decorar”, “almacenar”, “guardar en un cajón”, “bonito pero inútil”, ni nada así.

Cuando obsequio algo a cualquier persona, me gusta que lo aprecien verdaderamente, que no les sea un estorbo. Y agradezco enormemente cuando lo mismo va para mí. Un regalo que puede pertenecer a una o más de esas 5 categorías, no tiene falla.

Y es justamente en base a esas 5 categorías como tengo organizada mi propia wish list.

La tengo publicada en mi cuenta personal de facebook como un álbum de fotos.

Sí, ya platiqué en otra ocasión que dejé de usar facebook. Sin embargo no cerré mi cuenta y algo que tengo y mantengo ahí es precisamente mi wish list, ya que es en esa red social donde tengo agregadas a todas las personas importantes de mi vida y quienes son las únicas que podrían estar interesadas en hacerme un obsequio algún día.

Cuando decidí dejar de usar facebook, pensé en pinterest para compartir mi wish list, ¡pero nadie de mis seres queridos usa pinterest! No tiene caso (aunque sí tengo ahí una lista especial con las cosas que me gustaría regalarle a Mr. B).

Pues bien, cuando agrego un nuevo elemento a mi lista, subo una imagen que lo describa visualmente y escribo una descripción breve del mismo, así como todos los detalles necesarios para hacerles a mis seres queridos más fácil la tarea de encontrarlo.

Por ejemplo: me encantan los rompecabezas, que pertenecen a la categoría “Querer”. Tengo subida la fotografía de un rompecabezas, y en descripción lo siguiente:

Mínimo de 1000 piezas.
Si son de segunda mano, asegurarse de que estén completos y las piezas en perfectas condiciones. En cuanto a la caja, es irrelevante si ésta tiene imperfecciones.
Me gustan mucho los paisajes, sobre todo si tienen algunas flores.
Algunos rompecabezas que he visto y me gustan:
http://bit.ly/2kgTxDq
http://bit.ly/2jd6Pit
http://bit.ly/2jlR9HC
http://bit.ly/2kfDaDd
http://bit.ly/2j1zVOA
http://bit.ly/2iRlnGb

Si es algo que se puede comprar en línea, agrego el link que direccione exactamente a la página donde se puede comprar el artículo.

Agrego datos como pueden ser: color deseado, talla, marca, sabor, etc. Soy sumamente específica, para facilitarles la vida a mis seres queridos, y también para beneficio mío.

En mi wish list añado todos los artículos que deseo, sin restricción de precio. Por ejemplo, en la categoría “Necesitar” está mi secadora de ropa que tiene un costo de más de $7,000 pesos. Sé que son muuuuuuuy contadas las personas que desembolsarían una cantidad así para hacerme brincar de felicidad, pero sí podría ser que un grupo de unos 10 familiares y amigos se pongan de acuerdo para reunir entre todos esa cantidad de dinero, $700 pesos por persona quizás, y en una fecha especial me den la sorpresa. Puede ser... (guiño, guiño).

También tengo otras sugerencias de regalos más económicos. Por ejemplo mermelada, en la sección “Comer”. Me fascinan las mermeladas artesanales o gourmet, siempre será un dulce regalo que agradeceré sinceramente, y tiene un costo de $50 pesos por muy cara, o $100 máximo y ya es demasiado espléndida.

Una buena wish list sirve no sólo para saber qué desea una persona específica, sino también para inspirarse y pensar qué regalar a alguien más. Es cierto que todos somos distintos, con gustos y necesidades diferentes, pero una buena lista puede servir de inspiración, no hay duda.

También sirve como check list para uno mismo, para recordar lo que deseamos (a veces se olvida) y tenerlo bien presente. Si nadie nos regala nada, ya lo obtendremos por nuestra propia cuenta.

Por último pero no menos importante, una wish list no es sólo para informarles a nuestros seres queridos lo que deseamos o para recordárnoslo a nosotros mismos: es también para pedírselo al Universo. Cuando plasmamos nuestros deseos en papel (o de manera digital, en esta era por supuesto que también es válido), se lo estamos solicitando también a Él. Y de verdad que funciona. Lo que sea que deseemos llegará más temprano que tarde si especificamos todos los detalles. Por eso sugiero que la acción de crear una wish list se haga de manera consciente y segura.

Te agradezco por leerme, y me despido con una pregunta curiosa: ¿qué añadiste a tu wish list? Me gustaría enterarme en los comentarios de este post.

¡Hasta pronto!



Por qué prefiero comprar local

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Ya comenté en días pasados que elijo comprar productos de calidad, durables y beneficiosos. Pues bien, las compras locales ayudan bastante a cumplir ese propósito por lo que ante cualquier necesidad investigo si algún vendedor local tiene lo que busco y esa es siempre mi primera opción.

Comprar a vendedores locales ayuda a fortalecer las economías de las comunidades. Y es que al comprar en grandes cadenas no sólo pagas por el producto en sí, sino también por otras cuestiones que provocan un aumento en el precio del producto final: los costos de transporte, el costo del empaque (cuyo única finalidad es convertirse en basura), la renta del establecimiento y los servicios que ocupa (luz, aire acondicionado, mantenimiento, etc.), publicidad, mermas... y después de un largo etcétera, viene la utilidad de dicho negocio porque la casa nunca pierde.

En cambio un pequeño comerciante que produce personalmente su mercancía, no requiere de toda esa infraestructura y muchas veces sus propios insumos también los adquiere de manera local. El resultado es que cada compra que realizamos localmente retribuye a la economía de la comunidad 3 veces más dinero que las compras realizadas en grandes cadenas.

Por otro lado, los vendedores locales realizan una venta personalizada tratando directamente con sus clientes. Están interesados en saber qué necesitamos realmente y se esforzarán por dárnoslo pues de ello depende su éxito, no solamente porque lograrán que les compremos otra vez sino también porque su publicidad es la boca en boca. Así que harán lo posible para que sus clientes estemos satisfechos.

Ése es un principio básico de mercadotecnia pero aceptemos que las grandes empresas aunque lo saben, lo aplican de dientes pa’ fuera. Y es que entendemos que no es posible recibir un trato personal por parte de Ricardo Martín Bringas (es sólo un ejemplo) quien seguramente es muy amable y se esforzaría al máximo para tenernos contentos a todos sus clientes. Pero no puede él solo porque las cadenas son tan grandes y requieren para su operación a tanta gente que las funciones son delegadas una y otra, y otra, y otra vez. Los salarios son bajísimos, la capacitación al empleado es deficiente, la búsqueda de utilidad y reducción de costos es constante, los productos son estandarizados, la merma es elevada y la cantidad de personal desmotivado es alta. Así quién nos va a atender bien.

Los productos locales son de mejor calidad, más amigables con el medio ambiente, en algunas ocasiones te lo pueden llevar a domicilio, y te puedes poner de acuerdo con el vendedor para recibirlo en las condiciones que requieras. Hablando de este último punto, personalmente yo prefiero decirles que no me dejen empaques, envases desechables o bolsas de plástico; les doy mis propios contenedores reusables y/o bolsas de lona. Gano yo, gana el vendedor, gana el medio ambiente, gana la economía.

Hasta acá concluyo que las ventajas de las compras locales son enormes. Pero si sus objetivos son pagar precios justos y crecer la economía, pierde sentido con el regateo.

Nosotros mismos con esa horrible costumbre hemos provocado que los vendedores inflen sus precios sabiendo de antemano que tendrán que bajarlos. Pero si en Liverpool venden una sala de $100 mil pesos, no preguntamos ¿gerente, cuánto es lo menos?; Si vamos a Walmart a comprar un jabón para manos no decimos ¿a cuánto me lo deja?; En Bershka no le decimos a la vendedora que le damos $50 por una blusa que tiene etiqueta de $300. Entonces no entra en mi entendimiento por qué les regateamos al carpintero, a la señora que hace jabones artesanales o a la modista.

Respetémonos todos en nuestro trabajo, tiempo y conocimientos. Si un vendedor local nos ofrece su producto o servicio, paguemos justamente. Si no podemos pagarlo, aceptemos esa realidad, retirémonos con dignidad y busquemos algo que sí se acomode a nuestro presupuesto. Si por otro lado somos nosotros quienes vendemos, no aceptemos un pago injusto por nuestro trabajo.

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Un nuevo personaje en el blog: Don Rubén. Me cae muy bien.